Fisura anal crónica

Fisura anal crónica: qué es y como tratarla.

Llevas semanas con pomadas. Quizá meses. Cada mañana te levantas pensando en si hoy te dolerá menos al ir al baño. Y no mejora. Ese corte que te dijeron que «se curaría solo» sigue ahí, igual de doloroso que el primer día. Si llevas más de seis u ocho semanas con una fisura que no cierra, probablemente estés ante una fisura anal crónica. Y probablemente necesites algo más que cremas.

Sin embargo, no te lo decimos para asustarte. De hecho, te lo decimos para que dejes de sufrir innecesariamente. Porque la fisura anal crónica tiene tratamiento, funciona bien y la recuperación es mucho más llevadera de lo que imaginas. En este artículo te explicamos por qué tu fisura no cura, cuándo es necesaria la cirugía y qué opciones existen para resolverla de forma definitiva.

Cuándo una fisura anal se convierte en crónica

Una fisura anal aguda es una herida reciente en el canal anal. La mayoría curan en 4 a 6 semanas con tratamiento conservador: fibra, hidratación, baños de asiento y pomadas relajantes del esfínter. Sin embargo, cuando pasan más de 6 a 8 semanas y la fisura sigue sin cerrar, hablamos de fisura anal crónica.

Además, la fisura crónica tiene un aspecto diferente a la aguda. Mientras que la aguda parece un corte limpio y superficial, la crónica presenta bordes engrosados y fibróticos, una papila hipertrófica en el extremo interno y, con frecuencia, un plicoma o «pólipo centinela» en el margen anal (un pequeño pliegue de piel que se forma junto a la herida, lo notarás como un bultito). En ocasiones, incluso se pueden ver las fibras del esfínter interno en el fondo de la fisura.

En definitiva, estos cambios son importantes porque indican que el tejido ya no puede cicatrizar por sí solo. Por tanto, la fisura anal crónica necesita un tratamiento que rompa el círculo vicioso que la mantiene abierta.

Por qué la fisura anal crónica no cura con pomadas

Esta es la pregunta que más nos hacen los pacientes que llevan meses con el mismo dolor: «¿Por qué no se me cura si estoy haciendo todo bien?».

De hecho, la respuesta está en un círculo vicioso que se autoalimenta:

  • La fisura produce dolor intenso al defecar.
  • En consecuencia, el dolor provoca un espasmo involuntario del esfínter anal interno (el músculo se contrae de forma refleja).
  • Ese espasmo comprime las arterias que llevan sangre a la zona de la herida, lo que reduce el flujo sanguíneo.
  • Sin sangre suficiente, la herida no puede cicatrizar.
  • La herida sigue abierta, duele de nuevo al día siguiente, y el ciclo se repite.

Por su parte, las pomadas relajantes del esfínter (nitroglicerina, nifedipino) intentan romper este círculo reduciendo la tensión muscular. De hecho, funcionan bien en la fisura aguda. No obstante, cuando la fisura se ha cronificado, la fibrosis de los bordes y la isquemia mantenida hacen que las pomadas no siempre sean suficientes.

Por eso, si llevas más de 2 o 3 meses con una fisura anal crónica que no responde a pomadas, la solución no es seguir echándote crema. La solución es plantear el siguiente paso.

Opciones de tratamiento para la fisura anal crónica

El tratamiento de la fisura anal crónica sigue un esquema escalonado. Conviene conocer todas las opciones para poder tomar una decisión informada:

Tratamiento Cómo actúa Eficacia Reversible
Pomadas (nitroglicerina, nifedipino) Relajan el esfínter de forma tópica 50-60%
Toxina botulínica (botox) Paraliza el esfínter temporalmente (4 meses aprox.) 70-90%
Esfinterotomía lateral interna Secciona una pequeña porción del esfínter de forma permanente 95% No

Toxina botulínica: el paso intermedio

Cuando las pomadas no funcionan, el siguiente escalón es la inyección de toxina botulínica en el esfínter anal interno. El botox paraliza temporalmente el músculo durante unos 4 meses, rompiendo el espasmo y permitiendo que la sangre llegue a la fisura para que cicatrice.

Además, es un procedimiento ambulatorio, se hace en consulta en pocos minutos y la molestia es mínima. Además, al ser reversible, no compromete la función del esfínter a largo plazo. Sin embargo, la tasa de recidiva no es despreciable: entre el 10 y un 30 % de las fisuras vuelven cuando pasa el efecto. En consecuencia, si tras dos intentos con botox la fisura anal crónica persiste, lo más razonable es plantear la cirugía.

Esfinterotomía lateral interna: la solución definitiva

Es la cirugía de referencia para la fisura anal crónica que no responde a tratamiento conservador. Consiste en seccionar una pequeña porción del esfínter anal interno en su cara lateral. De este modo, la presión del esfínter se reduce de forma permanente, la sangre vuelve a llegar a la zona de la fisura y la herida cicatriza en pocos días.

En la práctica, la intervención es breve (15 a 20 minutos), se hace con anestesia local o sedación, y el paciente se va a casa el mismo día. Asimismo, la recuperación es mucho más rápida de lo que la mayoría de pacientes esperan. El dolor de la fisura suele desaparecer en las primeras 24 a 48 horas tras la cirugía, lo que supone un alivio enorme para personas que llevan meses sufriendo con cada deposición.

¿La esfinterotomía puede causar incontinencia?

Es la preocupación más frecuente y conviene abordarla con honestidad. La respuesta es: el riesgo existe, pero es bajo y habitualmente transitorio.

Lo que secciona la esfinterotomía es una pequeña porción del esfínter interno, no del externo (que es el que controlas voluntariamente). En un porcentaje bajo de pacientes (5-10%) puede haber una dificultad leve para controlar los gases durante las primeras semanas. No obstante, en la gran mayoría de los casos esta molestia desaparece por completo en pocas semanas.

En definitiva, la incontinencia a heces tras una esfinterotomía bien hecha es infrecuente, pero existe. Por eso, antes de operar, siempre valoramos factores de riesgo individuales: antecedentes de partos, cirugías previas, edad y tono del esfínter. Por ello siempre es mejor optar por el botox como alternativa más segura.

¿Qué pasa si no tratas una fisura anal crónica?

Hay pacientes que llevan años con una fisura anal crónica porque se han acostumbrado al dolor. «Ya sé que me va a doler, me tomo un ibuprofeno antes de ir al baño y tiro». Sin embargo, vivir así no es normal ni necesario. Además, la fisura crónica no tratada puede derivar en problemas añadidos: el espasmo mantenido puede causar hipertonía crónica del esfínter, la herida puede profundizarse hasta exponer fibras musculares, y en casos raros puede formarse un pequeño trayecto fistuloso a partir de la base de la fisura.

Por tanto, el mensaje es claro: si llevas meses con una fisura que no cura, no te acostumbres. Busca ayuda. La solución existe y, en la mayoría de los casos, es más sencilla y más rápida de lo que imaginas.

Prevención: que la fisura no vuelva a cronificarse

Una vez resuelta la fisura anal crónica, conviene mantener los hábitos que evitan que vuelva a aparecer:

  • Fibra diaria: 25 a 30 gramos. Fruta, verdura, legumbres, cereales integrales. Si no llegas con la dieta, un suplemento de psyllium ayuda.
  • Hidratación: mínimo 1,5 a 2 litros de agua al día.
  • No retener las heces: cuando tengas ganas, ve. Posponer la evacuación endurece las heces.
  • Evitar el esfuerzo excesivo: no más de 5 minutos en el inodoro. Si no sale, levántate y vuelve después.

En resumen, la fisura anal crónica es un problema con solución. No tienes que conformarte con vivir con dolor. Si las pomadas no te han funcionado, hay opciones eficaces que pueden devolverte la normalidad en cuestión de días.

Fisura anal crónica en IPROMAD

En IPROMAD tratamos la fisura anal crónica con un enfoque escalonado y personalizado. Valoramos cada caso de forma individual, explicamos todas las opciones (botox, esfinterotomía, medidas conservadoras) y decidimos juntos cuál es el mejor camino.

Todas nuestras intervenciones se realizan en el Hospital HM Montepríncipe, con las máximas garantías y en régimen ambulatorio en la mayoría de los casos.

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¿Llevas meses con una fisura que no cura? Deja de esperar. Puedes contactarnos a través del teléfono 699 606 005 o escribirnos a través de nuestro formulario de contacto.


Artículo revisado por el Dr. Antonio Gil, cirujano especialista en coloproctología.

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